domingo, 9th agosto, 2020
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EL AGRICULTOR, HOMBRE Y EMPRESARIO

El protagonista de esta historia es el Agrónomo Héctor Iván Cordero Toledo quien es presidente de la Asociación de Agricultores de Puerto Rico y posee una granja de 500 acres y una vaquería de tercera generación con una operación de 200 vacas lecheras en Aguadilla. Entre las operaciones son forraje, carne, vacas lecheras y cultivos comerciales en Hormigueros.  Ha adquirido certificaciones profesionales como tecnología de quesos de la Universidad de Wisconsin, Tecnología de queso artesanal de la Universidad de Vermont, Productos lácteos cultivados de la Universidad Penn State y Nutrición y manejo de plantas de la Universidad de Purdue. Nace un 15 de julio de 1965, casado con Amy Nieves con la cual tiene 3 hijos. Cordero es graduado en Ciencias de Agro negocios de Animales de la Universidad de Purdue, Indiana, Estados Unidos.

¿Cuáles son los retos que lleva consigo la agricultura en estos tiempos de tantos cambios?

El sector agrícola de Puerto Rico ha sido una industria rezagada por años. Eso se puede palpar cuando se ve que en los pasados 30 o 40 años no ha evolucionado. En gran medida se debe al estado de conformidad de muchos agricultores. Los cuales se han limitado a recibir subsidios para operar. Por ende, los comercios se abastecen de productos extranjeros con valor añadido que no solo facilitan la vida del consumidor sino que sabotean el espacio de venta de nuestros productos. En esencia, esa ha sido la causa para que el 90% de nuestros alimentos sean productos importados. Partiendo de ese cuadro, lo primero que se debe trabajar es con la mentalidad del agricultor. Quien tiene que comenzar a verse como un empresario. Tiene que comenzar a operar su negocio bajo una filosofía de empresa y dejar las tradiciones y prácticas de los antepasados que estaban renuentes a los cambios. Deben de adoptar la tecnología con registros de producción, mejoramiento de prácticas agrologicas, selección de variedades que estén adaptadas a nuestro medio ambiente y el concepto de mercadeo.

Por otro lado, el sector del valor añadido, la industrialización de la agricultura, el poder preservar los productos y a su vez conquistar la exportación de nuestros productos a un mercado de más de 5 millones de puertorriqueños que viven en los Estados Unidos.

¿Cuán importante es para usted que haya una integración de la juventud en la industria agrícola?

Definitivamente la juventud es clave para no solo la continuidad del sector agrícola sino para la transformación.  Lamentablemente la generación de los baby boomers y las subsiguientes nos inculcaron un mensaje distorsionado de la agricultura.  El cual se basaba en la ocupación de los “quedaos”, esto creo una apatía hacia ver el campo como oportunidad de empleo y sustento económico. Pero, por otro lado, hemos visto como la generación de los “milenials” han redescubierto la agricultura. Esta vez como fuente de ingresos económicos y campo fértil para utilización de la tecnología y la ciencia que no solo facilita la operación, sino que la hace más productiva. Es por eso por lo que yo como presidente de la AAPR he dado paso a una nueva generación de jóvenes que se levantan a través del programa de Young Farmers & Ranches, donde jóvenes entre las edades de 18-35 años tienen la oportunidad de desarrollar sus talentos y aportar al desarrollo y sostenimiento de a la agricultura.  Para ir más allá se le ha dado espacio al proyecto de Jr. Young Farmers & Ranchers para jóvenes de 10 a 18 años, este proyecto está en pañales y esperamos instituirlos dentro de los programas de FFA y 4H

¿Qué recomendaciones le da usted tanto a los agricultores ya establecidos como a los aspirantes a la agricultura?

Mis recomendaciones son las mismas que les ofrecí a los productores de café después del huracán María. “Si mantenerse en la agricultura es para seguir haciendo lo mismo que ha demostrado no ser efectivo, pues retírese.”Para innovar y crecer hay que cambiar, no podemos seguir produciendo por producir, debemos producir para satisfacer las necesidades del mercado y el mercado lo determina el consumidor, así que nuestro norte debe ser el ser competitivo, maximizar la calidad y crear un abanico de ofertas para que el consumidor determine qué es lo que finalmente quiere.

Por otro lado, es importante mirar el movimiento cooperativo como vehículo de mercadeo, es la forma en la que lo poquito que cada uno de los agricultores produce puede crear lo mucho que el comercio demanda. De manera que permita que el agricultor pueda vender su cosecha en igualdad de oportunidades y sin la preocupación que su tarifa sea justa. Eso es lo que deseamos

 

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